Marta Robles explora hechos que duelen y obligan a mirar una parte oscura de nuestra historia reciente, en una novela que se inicia en 1985, en una clínica clandestina donde a Mary Carmen le roban a su hija recién nacida
os malvados nunca les falta tiempo para hacer daño». Lo dijo Séneca en su mundo, y la frase no ha perdido vigencia en el nuestro.

Amada Carlota, novela de Marta Robles, explora hechos reales que duelen, incomodan y obligan a mirar de frente una parte oscura de nuestra historia reciente. Lo hace sin recrearse en el horror, desde una clara voluntad de desvelamiento y compresión, de honda compasión.
Amada Carlota es una novela dura y compleja. Dura, porque causa tristeza constatar que muchas de las conductas degradantes aquí narradas siguen ocurriendo. Compleja, porque su estructura y su desarrollo temporal exigen del lector atención y compromiso.
El relato no sigue una línea cronológica convencional. Entreteje pasado y presente con habilidad, de modo que los saltos temporales nunca rompen el hilo narrativo. La historia se articula en tres momentos: los años del franquismo, la década de los ochenta y la actualidad. En ellos se abordan dos hechos cada cual más grave: robo de bebés y la violencia contra las mujeres, sostenidas ambas por dogmas religiosos, morales o ideológicos camuflados en teorías seudocientíficas.
La novela se inicia en 1985, en una clínica clandestina donde a Mary Carmen le roban a su hija recién nacida. De forma abrupta, el relato salta al 2018 cuando Carlota Aguado pide ayuda a Tony Roures, excorresponsal de guerra reconvertido en detective privado, para que investigue sobre la hija que le quitan al nacer. Sospecha algo turbio.
El lector se sitúa ante un negocio criminal que se prolongó décadas, desde los años treinta hasta bien entrada la democracia. En una España profundamente católica, en clínicas de maternidad regidas por monjas el robo de bebés era una práctica tristemente habitual. A las madres —siempre pobres y desvalidas— se les engañaba con que su hijo había nacido muerto, mientras se daba en adopción a una familia rica y «adecuada».
En este crimen institucionalizado juega un papel decisivo el psiquiatra Antonio Vallejo Nájera, que, imbuido de la doctrina nazi, difunde la teoría seudocientífica del «gen rojo»: las madres republicanas o con maridos republicanos, transmitían a sus hijos la predisposición al marxismo. Esta vil falacia justificaba la separación forzosa de madres e hijos, acto de violencia extrema bajo la coartada de la moralidad.
El detective Roures busca, y su búsqueda nos conduce a la turbia cara oculta de la sociedad. Apellidos respetables y estatus social esconden crímenes silenciados, abusos y violencia en el ámbito familiar. Especialmente preocupante por sus funestas consecuencias resulta la violencia sexual extrema infligida a las propias hijas.
La autora afirma que la novela está basada en hechos reales que le contaron personas fiables y cercanas. Son historias vividas por mujeres de carne y hueso, con heridas causadas y no cicatrizadas por quienes debían protegerlas. Es ficción inquietante, pero no ficción gratuita.
Marta Robles cultiva el género negro, heredero del realismo social. No lo utiliza para recrearse en la sordidez, sino para indagar en los vicios de una sociedad que, ante estos hechos, prefirió mirar hacia otro lado. La autora nos incita a reflexionar sobre realidades que aún hoy nos acechan. No hace tanto que murieron, impunes, responsables del robo de bebés y de su venta a familias adineradas.
La lectura de Amada Carlota —como antes La chica a la que no supiste amar— conmueve y estremece, pero sobre todo despierta para no olvidar historias por muy incómodas que resulten. Y despierta, además, para recordarnos que la literatura, ejercida con honestidad y compromiso, tiene la capacidad de hacernos más conscientes, más críticos, más sabios, más humanos.
Gracias, Marta, por despertarnos con la eficaz alarma que es tu novela.
«AMADA CARLOTA»
MARTA ROBLES
EDITORIAL ESPASA PÁGINAS 392PRECIO 20,80
— Leer en www.lavozdegalicia.es/noticia/fugas/2026/05/01/malvados-nunca-falta-tiempo-dano/0003_202605SF1P4992.htm
